Origen de la Universidad Popular del Centenario

La Universidad Popular del Centenario fue fundada en mayo de 2018, en Córdoba Argentina, por un grupo de amigos con vocación altruista, con intención solidaria, con la convicción de que hay acciones sociales que, si están organizadas, sistematizadas y orientadas pueden producir cambios sociales de diversa magnitud.

Sin pretensión de efectos inmediatos se decidió que la Universidad Popular era la forma, la estructura, que mejor se prestaba a la realización de los deseos expresados y por lo tanto sólo había que poner manos a la obra.

En sucesivos debates se fue perfilando la entidad a medida de los sueños y quedó plasmada en propósitos enunciados como sigue:

Vivimos en un escenario que se caracteriza por el recrudecimiento de las violaciones a los DDHH, por la violencia social y política y por fenómenos catastróficos (de origen humano) que se atribuyen a cambios climáticos y sobre los cuales parece imposible actuar.

Todos estos fenómenos tienen efectos psicosociales que emergen en la vida cotidiana de los sujetos, de las comunidades y de los grupos sociales revelando estado de carencias y complejos procesos tales como el juego de fuerzas, sociales y personales, de forma brutal y a la vez sutil. Relaciones muchas veces naturalizadas, confundiendo a observadores que ponen la mirada en un solo sentido: el poder que las mayorías dominantes ejercen sobe minorías oprimidas, percibidas como pasivas.

Desde la década de los ’60 se observa que la tendencia, en trabajos de tipo comunitario, es reconocer la fuerza de los oprimidos generando una visión integradora de las relaciones sociales. La comunidad problematiza su situación, desarrolla tareas y, progresivamente, la conciencia de sus necesidades, sus recursos, sus posibilidades y sus limitaciones para realizar la transformación que estima necesaria. Son ejemplos de esto las diferentes agrupaciones vecinales en defensa de sus espacios públicos o del agua sana para consumo humano u organizaciones sociales que demandan una ley que condene los femicidios o, en este momento, que legalice la práctica del aborto.

Sin embargo, una de las situaciones de más difícil y compleja solución es, sin dudas, la pérdida de la cultura del trabajo. La escasez de fuentes de trabajo, al menos aparente, la pérdida masiva de puestos de trabajo existentes, sumados al discurso imperante de las nuevas formas o tipos de trabajos para los cuales parece que nadie está preparado, producen un efecto de “posverdad” paralizante. El destino de los pobres es morir en la pobreza.

A estas situaciones de sometimiento, de humillación, de aceptación de la violencia social que se ejerce sobre los sectores vulnerables y/o perjudicados por las desigualdades sociales, es necesario transformarlas para inaugurar un camino hacia la autonomía individual y colectiva.